NAO busca un lugar que no figura en los mapas. Alguien lo dibujó una vez sobre la espalda de un animal dormido, allí donde comienza la verdad. Pero, cuando se llega, la verdad ya ha cambiado de nombre. NAO avanza. Una luz aparece en la pantalla. Puede ser el último pensamiento de alguien que todavía no ha nacido. Puede no ser nada. Después, silencio. Hay muchos universos: uno para cada herida, uno para cada palabra que no dijimos, uno donde todavía somos niños y miramos el cielo sin sospechar que el cielo también nos está mirando. Los universos intercambian sus muertos. Tal vez la verdad no sea un lugar, sino una sombra sentada frente a nosotros, y tal vez el pasado sea una luz que aún no ha llegado. Entre ambos queda este instante: una grieta diminuta por donde entra el frío. La transmisión se interrumpe. Hay sillas separadas de la mesa, vasos todavía calientes, palabras suspendidas en el aire. De nuevo, el vacío. Y el vacío también pregunta. Nadie recuerda cuándo comenzó el viaje. En algún lugar, una luz permanece encendida. ¿Señala una salida? ¿Nos está esperando?