
EL COLLAGE COMO LENGUAJE
Jordi urbón
Los surrealistas entendían el collage como una técnica que permitía al artista escapar de las exigencias estrictas de los procedimientos y actuar con absoluta libertad. Los dadaístas, por su parte, vieron en él una forma de abrirse a lo inesperado: mezclar, fragmentar y yuxtaponer imágenes aparentemente desvinculadas entre sí para generar nuevas asociaciones, cercanas al sueño, al delirio y al subconsciente.
Aquella libertad continúa plenamente vigente. Hoy, el collage ha dejado de ser únicamente el acto de cortar y pegar para convertirse en una forma de pensar y construir la imagen. Su influencia atraviesa buena parte de las prácticas artísticas contemporáneas, donde las fronteras entre disciplinas son cada vez más permeables.
Dibujo, pintura, fotografía, escáner, materia, texturas, objetos, software, imagen 3D, vídeo, ilustración o cine pueden convivir dentro de una misma obra. Lo analógico y lo digital se mezclan; lo encontrado se transforma; una imagen puede fragmentarse, apropiarse, manipularse y adquirir un significado completamente distinto al original.
Uno puede ser pintor, escultor, fotógrafo, videoartista o trabajar simultáneamente con todos estos lenguajes. Artista, en definitiva, con la libertad de escoger los medios que cada obra necesita, pero también con el compromiso de pertenecer a su tiempo: un tiempo tecnológico, visual y social en permanente transformación.
Quizá ahí resida todavía la vigencia del collage: en unir aquello que aparentemente no tenía por qué estar unido y descubrir, precisamente en ese encuentro, una nueva realidad.