Centro Cultural La Marineta
Comisaria Marta Busquets



DE DENTRO A FUERA Y DE FUERA A DENTRO
El paso del tiempo, el paso por los espacios recorridos, vividos, sentidos, explorados. Los restos y marcas de lo que hemos disfrutado y sufrido; los sinsabores y los buenos momentos que nos ha dejado el crecimiento; hacernos mayores y empequeñecernos, fragmentos de vida contenidos en los recuerdos, en las emociones, en los gestos aprendidos que nos sostienen cada día; huellas de lo que hemos sido, de lo que somos y dejamos de ser en cada movimiento que hacemos, en cada acción consciente que nos conecta con lo más esencial de la existencia.
Se llama Jordi Urbón y vive observando cómo las cosas que hoy son mañana dejan de ser. Ve pasar, tras las ventanas de los trenes que conduce, paisajes y pasajeros que cada día se renuevan, y ha creado, a su alrededor, un mundo poblado de indicios y de signos de este transcurrir diario. Son pequeñas cajas, relicarios y vitrinas que muestran su interior permitiendo que el exterior también penetre, pero preservándolas con un cristal, porque el interior puede romperse fácilmente con los golpes que da el mundo. De esta fragilidad de lo de dentro hablan los materiales, el trazo contundente, a veces interrumpido, estirado, arrancado del color que se desvanece o que irrumpe hasta donde lo permite el blanco, el vacío. Porque el vacío manda tanto, en las piezas de Jordi, como lo lleno; aquí reside su fuerza y aquí su ternura.
El exterior, en cambio, es sólido, emblemático, religioso, con una ventana de arco de medio punto y de doble abocinamiento en una iglesia románica, como nichos de cementerio, como las bóvedas de las plazas porticadas, como las pequeñas ventanas que se abren en las casas para mostrar a la calle parte de la vida que contienen. El diálogo que se establece entre ambas realidades, la de dentro y la de fuera, no está exento de enigmas y de interrogantes, pero si uno se detiene a mirar y se deja penetrar por la obra, primero puede sentirse invadido por una dulzura estética que emana de ella, pero si permanece contemplándola más atentamente, podrá reconocer signos de un rastro vivido, posos de historias que en el devenir se completan, huellas y marcas que proceden de caminos muy alejados y que finalmente se encuentran para liberarse y fluir plegados.
Jordi vive en el Ripollès y trabaja en un lugar que pertenece más al pasado que al presente, una antigua colonia fabril desgastada por las fatigas y por las pequeñas vidas y estrecheces de los obreros que el empresario controlaba con celo. Cerca de la naturaleza y del río, el espíritu del artista se expansiona y crea, pero los recuerdos que impregnan el espacio se filtran en su obra, la colorean con un cierto misterio y la salpican de lluvia, de copos de nieve, de bocanadas de aire y de grumos de barro. La ingenuidad de la infancia, la energía de la juventud y el desprendimiento de la madurez se encuentran y se despiden en las impermanencias de Jordi Urbón.
Marta Busquets Comisaria de la Exposición
